Inmigrantes, 20 años después de “Turistas”: “No queremos ser artistas condescendientes”

La banda argentina estrena “Soltar” junto a Christian Jean, graba en Sonic Ranch y se prepara para un show íntimo en la CDMX. Pablo Silberberg habla de evolución, psicodelia y la responsabilidad de no vivir del pasado.

Han pasado dos décadas desde que Inmigrantes sacudió el continente con su disco debut Turistas y el himno generacional “Golpe de Suerte”. Veinte años en los que la banda ha atravesado distintos paisajes sonoros, ha crecido, se ha reinventado y ha entendido que la música no es un lugar al que se llega, sino un viaje que nunca termina. Hoy, la agrupación argentina está en México con una misión clara: absorber la cultura local, colaborar con gigantes de la escena mexicana y lanzar un nuevo disco que promete ser el más ecléctico de su carrera.

El primer adelanto de ese viaje es “Soltar”, un tema que la banda estrenó junto a Christian Jean, vocalista de Reyno. La canción navega entre el trip-hop y la psicodelia, construyendo un paisaje sonoro que se aleja de los primeros trabajos del grupo pero que mantiene esa esencia introspectiva que los ha caracterizado desde sus inicios.

“La psicodelia es un lugar al que nos gusta ir y en el cual habitamos, tanto en la música como en la vida”, explica Pablo Silberberg, líder de la banda. “En ‘Soltar’, además de la psicodelia, creo que hay una profundidad muy directa. Está abordada desde un viaje sonoro, sí, pero no escapa de ser una canción con una intención profunda”.

Esa intención profunda es la que ha guiado a Inmigrantes a lo largo de su trayectoria. Una trayectoria que en esta nueva etapa los ha llevado a colaborar con nombres fundamentales de la escena mexicana: Chetes, Jay de la Cueva y ahora Christian Jean. Lejos de ser una estrategia de mercado, estas colaboraciones han surgido de la afinidad musical y la conexión genuina.

“Esa afinidad o similitud musical que escuchas tiene que ver con que ellos participaron porque se sintieron representados”, comenta Pablo. “Son artistas que eligen muy bien lo que hacen. Nosotros les ofrecimos lo que ya estaba grabado en el disco y ellos supieron elegir dónde se sentían cómodos. Nuestra música es muy introspectiva e íntima; proponer un featuring es difícil si no hay una conexión real”.

La decisión de rodearse de artistas mexicanos no fue casualidad. Después de varios años sin pisar el país —su última visita fue en 2020— la banda decidió que era momento de hacer una “experiencia mexicana” completa. Instalarse, convivir y dejar que el entorno influyera en el proceso creativo.

“Hacía mucho que no veníamos a México”, recuerda Pablo. “Queríamos instalarnos y ver qué pasaba. Así que dijimos: ‘que este disco sirva de excusa para hacer los lanzamientos desde México’. A Jay ya lo conocíamos, a Chetes y a Christian los admirábamos musicalmente. No sabíamos sus magnitudes de fama o mainstream porque no somos de acá, llegamos a ellos por pura afinidad musical”.

Esa afinidad musical encontró su mejor aliado en Sonic Ranch, el mítico estudio ubicado en Ciudad Juárez, donde la banda grabó el nuevo material junto al productor Ettore Grenci. El resultado, a juzgar por los sencillos ya publicados y el reciente “Soltar”, es un disco que abraza la diversidad sin complejos.

“Inmigrantes es una banda muy ecléctica. Si escuchas el primer disco y luego el segundo EP o América, verás que son viajes distintos”, afirma Pablo. “Romper el molde es una característica nuestra, no nos gusta encasillarnos ni repetirnos. Llegamos con muchísimos demos y, junto a Ettore, decidimos construir una ‘ciudad musical’ súper variada. En el disco hay desde rolas grabadas totalmente en vivo con instrumentación minimalista, hasta canciones como ‘Soltar’ que están muy pensadas desde el sound design”.

Sonic Ranch, con su vasto equipo y su ubicación en medio del desierto, fue el escenario perfecto para esa experimentación. “Tienes miles de herramientas a tu alcance. No somos nerds de los aparatos, pero nos encanta experimentar”, confiesa el músico.

Pero la experimentación plantea un desafío inevitable: ¿cómo lidiar con los fans que siguen esperando el sonido de Turistas, ese disco que marcó a toda una generación? Pablo lo aborda con la honestidad de quien ha aprendido a confiar en su propio camino.

“Es que pasaron 20 años de Turistas. Obviamente uno cambia, crece y explora otras cosas”, reflexiona. “Las canciones, para el oyente, forman parte de sus recuerdos y su vida, pero el artista lo vive desde otro lugar. Nosotros podríamos ser artistas mucho más condescendientes y haber hecho ‘Turistas 2, 3, 4 y 5’, pero sentimos que tenemos una misión y una responsabilidad con cómo nos mostramos”.

Esa responsabilidad implica no repetirse, no refugiarse en el éxito pasado y, sobre todo, no traicionar la curiosidad que los ha movido desde el principio. “Admiramos a tipos rupturistas como John Lennon, Nick Cave o Joe Strummer de The Clash; artistas que rompieron el molde y a los que la historia terminó reivindicando. Vamos detrás de ese premio”, afirma.

Con toda esa energía acumulada, la banda se prepara para un show íntimo el próximo 29 de agosto en el Bar Liebre de la CDMX. Un concierto que promete ser un encuentro cercano, lejos de los grandes escenarios, donde las capas de los nuevos temas y los clásicos convivan en un formato reducido.

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“Llevamos 20 años adaptando una cosa a la otra”, dice entre risas. “Nuestra fuerza y lo que más nos gusta es construir melodías y cantar. Nos hemos vestido de rockeros, de indies, de electrónicos, pero la canción siempre está ahí. Para este show estamos en un formato de ‘power trío’ reducido con algunas pistas que decoran la escenografía musical. Es un formato mucho más directo, de cara a cara, muy íntimo. Por eso elegimos el Bar Liebre, queríamos sentirnos cerquita de la gente”.

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