Por: Alan
Entre el rugido de los motores, los camiones urbanos que tardan horas en pasar y el bullicio de las avenidas de Monterrey, emerge la figura de Gallo Armado. No es el clásico cantautor de corridos que rinde culto a la opulencia; su música pertenece a la gente común que habita el transporte público y las banquetas. Para él, el corrido no es solo un género musical, sino una trinchera, una crónica de justicia y una herramienta de protesta que late desde el noreste de México.
El nacimiento de un cantor: De la pulga al corrido
La evolución musical de Gallo Armado es un viaje de contrastes. De niño abandonó la guitarra eléctrica tras enemistarse con el instrumento, refugiándose a los 18 años en la música por computadora. Sin embargo, la llegada de la pandemia y una ruptura amorosa lo reencontraron con las cuerdas, esta vez adoptando una guitarra de doce cuerdas para empezar a escribir corridos.
Sus primeras obsesiones musicales distaban mucho del folclor norteño. Creció escuchando Iron Maiden y rock clásico gracias a su padre, comprando discos en la pulga local. Más tarde transitó por una etapa emo con My Chemical Romance, se adentró en el rap con Kendrick Lamar, Millonario y W. Corona, hasta llegar a sus grandes influencias actuales: Miguel y Miguel y Juan Cirerol.
Fue a través de este bagaje como descubrió en el corrido el lenguaje perfecto para contar historias con la oralidad y el acento propio del noreste.
”Vivir en un país donde pasan tantas cosas tan horribles y tan hermosas en el mismo lugar y al mismo tiempo. Creo que eso es lo que más me ha inspirado.”
La politización de la guitarra: Justicia para los olvidados
El despertar político del cantautor no ocurrió en los libros, sino en las aulas universitarias. Su paso por el Tec de Monterrey lo marcó profundamente al vivir de cerca el encubrimiento del asesinato de los estudiantes Jorge y Javier a manos del Ejército.
Aquel suceso lo llevó a involucrarse con colectivos de activistas y familias de personas desaparecidas, una experiencia que radicalizó su visión del mundo y que posteriormente plasmó en un EP de diez canciones inspiradas en la desaparición forzada.
Aunque el corrido político parece haberse desvanecido en el panorama comercial, él no cree que exista una “responsabilidad social”

Obligatoria para los artistas jóvenes:
El acto de cantar ya es político: Para el músico, los jóvenes que cantan desde contextos precarios sobre lo que ven y viven ya están haciendo política, pues su prioridad principal es sobrevivir.
La materialización del ideal: Su transición formal hacia el corrido de protesta se consolidó con el “Corrido del Aire”, el momento exacto donde entendió que una canción podía tener una fuerte carga política y, al mismo tiempo, sonar en una fiesta.
Su compromiso social también lo llevó a componer sobre la tragedia minera de Pasta de Conchos. Tras ser contactado por la documentalista Erika Kuru, el músico se adentró en horas de entrevistas con las familias afectadas. Construyó la letra utilizando las frases literales de las madres y esposas —el dolor del plato vacío en la mesa—, logrando una pieza que las propias familias abrazaron como un espejo de su digna exigencia de justicia tras dos décadas de impunidad.

”La ciudad es nuestra”: El pueblo financia su propia historia
El proyecto más ambicioso de Gallo Armado, su disco La ciudad es nuestra, nació de la colecta y la autogestión pura. Ante el reto de juntar 150 mil pesos, el músico y sus amigos salieron a las calles. Diseñó paquetes de canciones personalizadas, ofreció shows en vivo y se plantó con bocinas a botear en los cruces de Revolución y Chapultepec.
A mitad de la campaña, el miedo al fracaso se hizo presente con apenas 30 mil pesos recaudados, pero la solidaridad de su comunidad y sus compañeros rescató el proyecto. Más de 150 personas financiaron un álbum que aún no existía, transformándolo en un verdadero manifiesto colectivo.
”Quienes deben mandar aquí somos nosotros, no los políticos, no los empresarios, porque somos nosotros los que hacemos esta ciudad.”
Para el artista, el valor de estas canciones radica en su independencia. Se niega rotundamente a que las grandes corporaciones transnacionales adquieran los derechos de autor de temas tan sensibles como los de Pasta de Conchos o el activismo socialLa liga de la congruencia frente al sistema
Mantener un discurso crítico dentro de una sociedad capitalista es uno de los mayores temores de Gallo Armado. Aunque reconoce que la autogestión absoluta no siempre es sostenible a largo plazo porque “todos necesitan comer”, su brújula se mantiene firme en la honestidad de su oficio como creador de mundos.

Incluso la censura institucional ha intentado matizar su propuesta. Durante su participación en un festival público masivo, los organizadores le solicitaron explícitamente no emitir comentarios políticos entre canciones. Tras consultarlo con una amiga, llegó a una conclusión que hoy define su puesta en escena: “Canta tus letras, tus letras ya son políticas”. El discurso ya estaba blindado en la música; no hacía falta decir más.
Para Gallo Armado, La ciudad es nuestra es el recordatorio definitivo de que el derecho a decidir sobre el territorio, las calles y la vida misma le pertenece a la comunidad organizada, y no a los intereses de los de arriba.