Con un estilo colorido, juguetón y profundamente arraigado en la cultura mexicana, Vanila Ryder se ha consolidado como una de las ilustradoras más originales de su generación. En esta charla, nos revela los orígenes de su alter ego, la conexión emocional que tiene con sus obras y cómo sus ilustraciones buscan sembrar identidad cultural en nuevas generaciones.
¿De dónde nace el alter ego Vanila Ryder?
Siempre he sido súper fan de todo lo que tenga que ver con Japón: su gráfica, su estética, su cultura… Desde la secundaria me atrapó. Tenía una amiga con la que compartía ese gusto y nos pusimos apodos inspirados en personajes de un anime. El mío era “Vanila”, y cuando buscaba cómo nombrar mi proyecto artístico, lo recordé y me pareció bonito porque me remitía a algo especial. Quería quedarme solo con “Vanila”, pero el nombre ya estaba ocupado. Entonces lo complementé con “Ryder”, que es el apellido de un personaje de mi saga de videojuegos favorita.
Como los videojuegos son lo que más me gusta después de dibujar, me pareció perfecto que formara parte de mi identidad.
¿A qué edad descubriste que la ilustración era tu camino?
Entre los 17 y 18 años. Fue gracias a redes sociales y a los primeros eventos de arte a los que asistía, donde veía los “artist alleys”. Ahí entendí que ilustrar era más que un pasatiempo; podía ser un modo de vida.
¿Creas por cura o por enfermedad?
Siento que ha sido por las dos razones. En ciertos momentos, dibujar ha sido un refugio emocional. Hoy, lo hago más con la intención de compartir, de conectar con otros a través de lo que creo.
En una de tus exposiciones, una obra llamó mucho la atención: una abuelita haciendo una limpia, donde las malas vibras salían como fantasmas. ¿Cuál es tu misión al representar tradiciones así?
Me gusta darle visibilidad a todo lo que rodea a nuestra cultura, de una forma lúdica. Alguien una vez lo describió así y creo que lo resume bien. Mi estilo se presta mucho para el público infantil, y me interesa que los niños se acerquen a su identidad cultural desde temprana edad. Cuando conoces tus raíces, las valoras más. Mi misión es sembrar esa curiosidad para que las nuevas generaciones pregunten, investiguen, y desarrollen cariño y orgullo por lo nuestro.
¿Cuál ha sido la ilustración que más te ha dolido vender?
Definitivamente el popurrí de pancitos mexicanos que pinté en 2023. Tenía algo muy entrañable, muy mío.
¿Alguna vez soñaste con ver tu arte en grandes marcas?
La verdad, no. Nunca fue uno de mis objetivos. Pero cuando se ha dado, lo he disfrutado mucho porque esas colaboraciones me han buscado por lo que ya soy, por mi voz, y me han dado libertad creativa. Eso se agradece muchísimo.
Si hoy fuera tu último día, ¿qué ilustrarías?
¡Diablos! Son mi cosa favorita para dibujar. Me encanta ponerlos en escenas divertidas, bailando, jugando… Son personajes que me permiten jugar mucho con la imaginación.
¿Qué música te acompaña mientras ilustras?
Depende mucho de la etapa en la que esté. En la fase de ideas o bocetaje necesito concentración, así que recurro a música instrumental, a veces en loop. Cuando ya estoy en el lineart o el coloreado, soy más libre y escucho de todo. Últimamente ando muy clavada con los openings de anime.