Jiony: “La voz era el instrumento que me faltaba para terminar mis canciones”

El productor mexicano desglosa el proceso creativo y los retos logísticos detrás de ‘Et al.’, su álbum colaborativo que redefine su rol como compositor.

El camino hacia la propia voz a veces se encuentra a través de las voces de otros. Para el productor y compositor mexicano Jiony, su proyecto más reciente, Et al., es la prueba. Un disco donde el título —abreviatura académica de “y otros”— actúa como una declaración de principios: aquí, el autorretrato del artista se construye a través de una constelación de colaboradores. En una entrevista, Jiony desmenuza la alquimia de este trabajo, que marcó un parteaguas en su proceso creativo, pero que también enfrentó la compleja realidad logística de la música independiente.

La génesis del proyecto se remonta a un cambio de enfoque artístico y una necesidad práctica. Después de años enfocado en el lo-fi hip hop instrumental, Jiony sintió el deseo de explorar nuevos territorios sonoros. Paralelamente, identificó en las colaboraciones una vía para conectar de manera más profunda con la audiencia y para “promover tu música con otras personas”. “Es como un win win para todos”, reconoce, sin eludir la capa estratégica que complementa a la puramente artística. El punto de inflexión llegó tras una etapa en la que subía música instrumental a librerías para sincronización. “Ya cuando no escogían mis rolas para eso, dije: ‘Bueno, ahora me quiero dedicar a sacar otro tipo de música’”.

La libertad creativa como método

El proceso de Et al. fue orgánico, casi por ósmosis. Jiony partió de una lista de sketches instrumentales con un sonido más cercano al trip-hop oscuro que ahora define sus proyectos. Esos bocetos viajaron a colaboradores como Eva de Marce, la poeta Ashlee Haze o el saxofonista Freddy Thompson, quienes los aceptaron y completaron con absoluta libertad. “A mí me gusta dar mucha libertad creativa a la persona que está haciendo su parte”, explica Jiony. “Nunca le he dicho a nadie por dónde quiero ir… que se dejen llevar por lo que les haga sentir”.

Este método tuvo una consecuencia fundamental en su manera de componer. La voz dejó de ser un añadido para convertirse en el elemento arquitectónico central. “Cuando hacía música instrumental, mi trabajo consistía en rellenar espacios que se sentían vacíos con instrumentos”, detalla. “Esta vez dejé espacios a propósito para que la voz… me diera una pauta. Parte de lo que me ayudó a definir hacia dónde iba cada tema y qué le hacía falta fue la voz”. Este descubrimiento ha reconfigurado su enfoque: ahora, incluso al iniciar una composición nueva, piensa en quién podría cantarla. “Creo que ahora me gusta más pensarla sabiendo que va a haber algo más”.

Los retos tras bambalinas: regalías, algoritmos y Spotify

Sin embargo, el modelo colaborativo extensivo trajo consigo una logística abrumadora que casi opaca la satisfacción creativa. Jiony revela que un acuerdo con un sello discográfico se desvaneció debido a la complejidad de coordinar los pagos de regalías entre más de una decena de colaboradores. “Yo me iba a tener que encargar de repartirles a todos… eso es como que no, mejor prefiero no hacerlo”, confiesa.

El problema no terminó ahí. Al distribuir el álbum, se topó con una limitación técnica de las plataformas: “si un trabajo tiene más de cuatro o cinco artistas listados como principales, los algoritmos lo categorizan como una compilación.” “Eso te juega en contra”, señala con franqueza. “Tú quieres que, por lo menos en este álbum, yo era el artista principal… pero iba a aparecer en mi perfil un poquito más abajo y no en mis álbumes”. Este detalle, aparentemente menor, impacta directamente la visibilidad y el alcance del disco, una batalla crucial para cualquier artista independiente.

El futuro: entre el trip-hop, las colaboraciones y la realidad

A pesar de los obstáculos, la experiencia fue transformadora. Jiony ya visualiza un nuevo álbum de colaboraciones en el horizonte, aunque también avanza en un proyecto instrumental para un sello, justamente para evitar la compleja repartición de ingresos. Su sonido, afirma, se consolida en un “trip-hop oscuro” reinterpretado de manera contemporánea.

La presentación en vivo de Et al. sigue siendo un reto pendiente, otra víctima de la compleja logística. “Es como que si son tal vez álbumes hechos para no tocarse en vivo por la dificultad”, reflexiona, barajando opciones como tocar solo con pistas o intentar reunir a algunos de los colaboradores.

Al final, la entrevista con Jiony pinta el retrato de un artista en evolución, que encontró en la comunidad la llave para profundizar en su propia identidad sonora, pero que también choca de frente con las rígidas estructuras de una industria digital no siempre diseñada para el trabajo colectivo. Su conclusión resume la dualidad de la música independiente hoy: “Fue un reto más aparte de componer… todo un reto logístico”. Un reto que, a juzgar por los resultados de Et al.’, valió la pena asumir.

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