Hugo Segovia y PNGO: amistad, onirismo y nostalgia en una gira que se siente más como terapia colectiva

Hay proyectos que nacen de la estrategia. Otros, de la urgencia. Y luego están los que simplemente se alinean después de años de coincidencias, como si todo hubiera estado apuntando hacia ese momento desde el inicio.

Eso es lo que está pasando entre Hugo Segovia y PNGO.

No es una colaboración improvisada. Es una relación de más de dos décadas que ahora encuentra un nuevo escenario: una gira que cruza ciudades, pero sobre todo, historias.

“Tenemos una amistad de más de 20 años… ya tenemos también como algo más que compartir, que son los escenarios.”

Y sí, suena simple, pero no lo es. Porque cuando una amistad sobrevive a proyectos, ciudades y etapas, lo que se construye arriba del escenario tiene otro peso.


Dos caminos distintos que terminan en el mismo escenario

Por un lado está Hugo Segovia, celebrando 20 años de trayectoria con el lanzamiento de Onirismo, un EP que no solo funciona como nueva etapa creativa, sino como una especie de manifiesto personal.

Su sonido —una mezcla de indie pop con funk, jazz y matices latinos— no nació de la experimentación superficial, sino de un proceso largo de búsqueda. Y hoy, más que nunca, se permite explorar sin pedir permiso.

“Creo que hoy me permito hacer más cosas que antes no me permitía…”

Del otro lado está PNGO, una banda relativamente joven, pero con una identidad clara: nostalgia sin filtro. Su álbum Caja de Recuerdos es exactamente eso: una colección de historias personales convertidas en canciones.

“Siento que las canciones son como tatuajes… lo ves y te acuerdas.”

Esa dualidad —trayectoria vs. frescura— no se siente como contraste, sino como complemento.


Abrir shows: la oportunidad disfrazada de presión

Para PNGO, esta gira también representa algo más: el ritual de abrir shows, ese espacio donde se define si conectas o desapareces.

“Creo que con que te vea una persona y que una persona te ponga atención ya es ganancia.”

No hay cinismo en esa frase. Hay realidad.

Y también hay algo más interesante: una generación de artistas que ya no mide el éxito en masas, sino en conexiones individuales.


Onirismo, nostalgia y el arte de perderse

Si hay un concepto que atraviesa esta gira, es el de la mente como refugio.

El onirismo de Hugo no es solo una idea estética, es un estado constante:

“El onirismo es como el 80% de mi estado mental.”

Y desde ahí crea. Desde ese espacio donde la realidad se diluye lo suficiente como para convertirse en música.

Mientras tanto, PNGO construye desde el lado opuesto: la memoria.

Canciones sobre familia, relaciones, pérdidas, incluso un perro. Todo cabe en su universo.

“Juntar cosas importantes en mi vida, meterlas en una cajita y sacarlas como un disco…”

Dos formas distintas de procesar lo mismo: sentir.


La música como espejo (o como escondite)

Cuando se les pregunta si la música sirve para entender lo que sienten o para ocultarlo, la respuesta no intenta ser profunda… pero lo es:

“Yo creo que las dos.”

Y ahí está la clave. No hay una sola función. La música es herramienta, refugio, confesión y máscara al mismo tiempo.


El miedo real: dejar de conectar

En una industria obsesionada con tendencias, ambos coinciden en algo que suena casi radical:

No quieren dejar de evolucionar, pero tampoco dejar de conectar.

“Trato de ser honesto con mi música y trato de hacer lo que de verdad me sale del corazón.”

Y quizá eso explica por qué este proyecto funciona. No hay cálculo excesivo. Hay intuición.


Una gira que no se trata solo de música

Las fechas ya están corriendo: Ciudad de México, Querétaro, Puebla, Monterrey y Torreón, con expansión internacional en camino.

Pero más allá de los venues, lo que están construyendo es otra cosa.

Una especie de espacio donde la gente va a recordar, a sentir… o como ellos mismos lo dicen:

“Es un show para ir sin saldo.”

Y probablemente también sin filtros.

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