Desde Perú, Fátima Foronda celebra la identidad de los pueblos profundos con el lanzamiento de ‘Brilla la conciencia’

Fátima Foronda ha pasado la última década habitando la realidad de los centros poblados más distantes del Perú, un territorio que conoce no por los libros, sino por su labor social y el periodismo de investigación. Esa experiencia de vida es el motor de su nueva etapa creativa, una transición que la aleja definitivamente de la distorsión del metal alternativo que lideró durante décadas con su banda Área 7. Lo que presenta ahora es un testimonio de madurez, donde la estridencia del escenario cede el paso al respeto por la ritualidad y las costumbres de las comunidades rurales.

Bajo el título de ‘Brilla la conciencia’, este álbum funciona como un registro de gratitud hacia los pueblos de la costa, la sierra y la selva. No se trata de una mirada nostálgica, sino de un proyecto de preservación que integra lenguas nativas y ritmos originarios en una entrega de alta factura técnica. La placa, editada por Play Music, materializa un compromiso asumido en 2017 para difundir la riqueza de una geografía que la autora ha recorrido palmo a palmo, convirtiendo sus vivencias en una herramienta educativa y festiva.

La producción musical, a cargo de los directores Ernesto Hermoza y Miki González, logra un equilibrio entre la instrumentación tradicional y la experimentación contemporánea. El repertorio transita con libertad por el sikuri de Puno, el tanguiño amazónico y la chicha de herencia popular, contando con la participación de músicos fundamentales de la tradición peruana como el violinista Chimango Lares. El resultado es un sonido ecléctico y honesto que refleja la visión de una artista que, tras gestionar grandes giras internacionales, prefiere hoy la sencillez de los sonidos orgánicos.

Este lanzamiento se complementa con una estética visual desarrollada junto a su hermana, Diana Foronda, inspirada en la naturaleza y en la honestidad del presente. La propuesta traduce la mística de los rituales peruanos en un lenguaje directo, coherente con el activismo que Fátima lidera en favor de la niñez en zonas de extrema pobreza. Al presentarse como una aprendiz de su propia cultura, Foronda entrega al mundo una obra que trasciende lo musical para convertirse en un puente hacia la diversidad de un país profundo y vibrante.

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