Bajo la luz del sol de Mexicali, Baruch Argil, el joven detrás de Niño Viejo, se toma las cosas con una calma que sorprende en un mundo tan rápido. A sus corta edad, ha creado un sonido que se siente como un abrazo: una mezcla de nostalgia y tranquilidad que ha conectado con muchísima gente. En esta plática, nos cuenta todo sobre su nuevo trabajo Siempre Hay Algo Más, un proyecto que reúne sus mejores momentos del 2025 con canciones nuevas que cierran una etapa de su vida.
P: ¿Cómo es que te enamoras de la música, cómo llega a ti?
R: Cuando yo estaba morrito, de unos 5 o 6 años, se acostumbraba mucho en mi familia hacer reuniones a comer, a reunirnos entre todos. Yo recuerdo mucho ver a todas mis tías y a mis tíos cantando, bailando, a veces hasta llorando. Todo giraba alrededor de estar escuchando canciones. Y me llamó mucho la atención cómo una canción en específico podía hacer sentir tantas cosas a la gente. A partir de ahí se me metió algo en la cabeza: yo quería hacer eso. Yo quería poder hacer canciones y hacer que la gente llorara, bailara, estuviera contenta, que convivieran. Aprendí a tocar la guitarra como a los 12-13 años y a partir de ahí empecé a componer, al aventón. Y de ahí me agarré y ya no la solté.
P: ¿Cómo decides tomarte tu música más en serio, ya de manera más profesional?
R: Cuando empecé a tocar en la escena de Mexicali con mis amigos, lo hacíamos más que nada por hacerlo, por tocar y cotorrear. En vez de salir a antros preferíamos hacer una tocada. Esa idea de ya hacerlo más en serio se va dando con el tiempo conforme van saliendo más oportunidades: cuando te invitan a tocar a otras ciudades, cuando hay gente interesada en sacar tu disco. También turreé con algunas bandas como guitarrista y eso me ayudó a decir: “Es que yo quiero hacer esto para siempre”. No me veo haciendo otra cosa que no sea tocando y haciendo música.
P: ¿Cambiaría tu proceso creativo al tener más presión y responsabilidades?
R: Creo que sí cambia, pero es una presión que yo mismo me pongo: cada vez hacer las cosas mejor, lo mejor posible. Es una ambición personal. La banda en vivo de Niño Viejo son mis amigos de toda la vida, los conozco desde la secundaria, entonces tenemos esa confianza. Nos la pasamos bien independientemente de cualquier cosa. Pero sí entran otras responsabilidades y otras ideas que requieren un poco más de trabajo. Está padre, también lo mantiene más interesante.
El sonido de Niño Viejo es como un refugio. Mientras todo el mundo parece hacer música con computadoras y efectos digitales, él prefiere lo sencillo y lo honesto. Bajo el sello de su amigo Ed Maverick, Baruch ha logrado usar su guitarra para hablar de cosas que todos sentimos: la duda de qué hacer con nuestra vida a los veinte, los amores que cambian y lo difícil que es decir adiós. “Hablo mucho de lo que ya pasó”, dice Baruch, explicando que este nuevo disco es como un puente hacia algo más grande.
P: Este nuevo EP es muy nostálgico. ¿Estabas atravesando algo específico cuando lo compusiste?
R: En general soy una persona muy nostálgica. Siempre le tengo mucha añoranza al pasado, a las cosas que sentí antes, y muchas veces es difícil despegarse de eso. Quise aprovechar las canciones para hacer eso. Por ejemplo, “Juventud 2000” es la canción con la que abre el EP: es un parque en el que me la pasaba patinando cuando era chico, todo el día durante las vacaciones de verano. Quería hablar de las cosas que ya no van a volver, pero que ahí están en los recuerdos. Uno enamorado también le surgen un chorro de ideas, entonces también va por ahí el EP.
P: Tienes un cover de “Amor Eterno” de Juan Gabriel. ¿Cómo elegiste esa canción?
R: Es una canción que creo que en todos los mexicanos ha estado presente. Los últimos años he estado reflexionando sobre la gente que he perdido: tíos, y también un hermano que falleció hace unos años. Estos años han sido muy reflexivos para mí, de no evitar pensar en eso sino decir “Esto sucedió y duele, pero a final de cuentas sucede”. Esta canción siempre ha estado muy presente en mi familia. Me gustó la idea de que fuera la última canción del EP porque es como una despedida a todos estos sentimientos y a una etapa de mi vida. Necesitaba hacerle un homenaje también para soltar cosas dentro de mí.
P: ¿Cómo fue tu acercamiento al sello de Ed Maverick y cómo te invitaron a formar parte de él?
R: Cuando iba a grabar “El Amor”, yo a Eduardo lo conozco desde hace varios años. Tenía los demos y le escribí diciéndole que me gustaría grabarlo con él en el estudio que tiene en Delicias, que lo produjera junto a Caleb, un amigo de Hermosillo muy buen músico. Le mandé los demos y Eduardo me dijo que justo estaba haciendo un sello con Mario, que podían producir el disco y lanzarlo como el primer lanzamiento del sello. Lo grabamos en diez días, las diez canciones, y después tomamos otra semana para mezclar. Estuvimos los tres ahí súper engranados todo el tiempo, grabando de nueve de la mañana a una de la mañana. Fue una experiencia muy bonita.
P: ¿Cuál ha sido tu experiencia más bonita tureando en México?
R: Turrear siempre es una experiencia bonita en general. Me encanta tocar en vivo, me gusta conocer gente y ver que hay gente dispuesta a ir a un show. La gira pasada que tuvimos el año pasado hubo una respuesta que yo no esperaba. Decía “Va a ser más para darse a conocer” y llegamos a las ciudades y ya había gente que conocía el proyecto, escuchar a la gente cantar está muy lindo. Es la razón por la cual me enamoré de la música en primer lugar: verlos bailando, disfrutando, haciendo comunidad. Es la razón principal y como que ver que estoy haciendo eso por lo cual me enamoré también está muy bonito.

P: ¿Qué diferencia habría entre un show tuyo y tocar en un escenario grande como el Tecate Pa’l Norte?
R: Lo que cambia primeramente es el tiempo. En menos tiempo tenemos que decir más y causar más impacto. Está padre el reto porque es elegir las mejores canciones y las que mejor tocamos en vivo. Ahorita tenemos como 20 rolas en el set y hay que limitarlas a solo cinco o seis canciones. Sí estoy algo nervioso por el Pa’l Norte, pero también muy emocionado porque es la primera vez que tocamos en un evento tan grande. Más que nada es como una carta de presentación: yo sé que la mayoría de la gente no conoce el proyecto ahí, pero es como decirles “Oigan, esto es lo que hacemos, esto es lo que tocamos, bienvenidos”.
P: ¿Qué consejo le darías a las personas que quieren iniciarse en la música?
R: Que traten de ser lo más auténticos posible. Que no se dejen influenciar por lo que está pegando o creer que las cosas se tienen que hacer de una sola manera para que funcionen. Cada proyecto es un mundo y cada cabeza es un mundo también. Hay que encontrar lo que te funciona a ti y a la música que quieres hacer. Y la segunda: tocar, tocar, tocar lo más que puedas, donde puedas, con quien puedas. Salir a tocar y a conocer gente es la mejor plataforma y la más orgánica para crecer en este mundo. No hay nada como el cara a cara.
Al final del día, Niño Viejo nos enseña que la música es para acompañarnos. Entre la melancolía del norte y las ganas de seguir adelante, Baruch Argil demuestra que siempre vale la pena buscar “algo más”. Su arte nos recuerda que la belleza está en las cosas simples y en tener el valor de ser uno mismo, sin complicaciones. Este 2026, con su debut en el Tecate Pa’l Norte y un nuevo disco en proceso, el chico de Mexicali apenas está empezando a contar su historia.