Más allá de los nombres estelares en las marquesinas, el festival Bahidorá ha consolidado a lo largo de los años una estructura paralela que funciona como su verdadero motor vital: un ecosistema de colectivos. Para la edición 2026, el carnaval de Las Estacas reafirma su apuesta por estas micro-comunidades, transformando el evento de un simple concierto a un encuentro multicultural de tribus sonoras.
La dinámica del “Takeover”: Curaduría descentralizada
La filosofía detrás de esta iniciativa rompe con el esquema tradicional de festival vertical. En Bahidorá, los colectivos no son meros invitados; son co-creadores. A través del formato de “takeover”, agrupaciones que van desde sellos discográficos hasta promotores de fiestas underground toman el control total de un escenario.
Esto implica no solo programar a sus propios DJs, sino importar su estética, sus narrativas y su forma particular de habitar la fiesta. El resultado es una sinergia donde la identidad local de ciudades como Berlín, Tokio o Detroit se entrelaza con la naturaleza de Morelos, creando lo que los organizadores describen como una “expansión hacia nuevos mundos”.
Guardianes de la identidad sonora
¿Qué se necesita para formar parte de este círculo? La curaduría del festival busca proyectos que actúen como puentes culturales. No basta con tocar música; los colectivos seleccionados deben demostrar ser guardianes de su escena local, promotores de talento emergente y, sobre todo, compartir los valores de respeto por la tierra y la comunidad que rigen en Las Estacas.
“Son propuestas que van de lo simple a lo profundo, convirtiendo cada escenario en un territorio especial y cada noche en un ritual.”
Desde 2019, esta dinámica ha permitido que instituciones globales como Underground Resistance (Detroit) o Tresor (Berlín) dejen su huella junto a potencias nacionales como Spiritual Sound System.
El ritual del domingo y la alineación 2026
Dentro de la mitología del festival, el colectivo Sunday Sunday se ha ganado un estatus de leyenda. Durante cinco ediciones consecutivas, han sido los encargados de oficiar el cierre del evento, convirtiendo la noche del domingo en un refugio emocional y un baile de despedida que ya es tradición.
Para la edición 2026, el abanico se expande con una curaduría que promete texturas profundas y beats hipnóticos. La lista confirmada de colectivos que orquestarán el pulso del festival incluye:
Rainbow Disco Club: La sofisticación y calidez de la escena japonesa.
Giegling: El misterio y la emotividad del minimalismo alemán.
Diáspora y Noche Negra: Exploraciones de ritmos afro-latinos y tropicales oscuros.
Fünk y Boyanza: Grooves contagiosos y energía festiva.
Sunday Sunday: El infaltable cierre ceremonial.
Un canto colectivo
La edición 2026 de Bahidorá se perfila, así, no solo como un festival de música, sino como un ejercicio de arquitectura social efímera. Al ceder espacios a estas comunidades, el festival logra que lo cotidiano se vuelva extraordinario, recordándonos que, en medio del caos global, la música sigue siendo el refugio más potente cuando se vive en comunidad.