De ensoñaciones, caos y evolución: Una charla íntima con Sarah Kinsley ante su regreso a México

Hay artistas que encuentran su identidad en la estabilidad. Sarah Kinsley parece encontrarla justo en el movimiento.

La cantante, compositora y productora estadounidense está de vuelta en México para ofrecer uno de los momentos más importantes de su carrera: su primer show en solitario en la Ciudad de México. Antes de subir al escenario del Foro Indie Rocks!, conversamos con ella sobre la dualidad emocional que define su música, el largo camino que recorrió para aprender a producir sus propias canciones, la vulnerabilidad detrás de su más reciente EP Fleeting y la conexión especial que ha desarrollado con el público mexicano.

Si aún no conoces su universo, Sarah Kinsley lo describe mejor que nadie.

“Creo que es música para los que sueñan despiertos, para la gente a la que le encanta imaginar y fantasear”, cuenta. “Pero al mismo tiempo es muy salvaje, emocionante y un tanto caótica. Emocionalmente está por todos lados: es hermosa, muy desordenada y, a veces, también muy silenciosa”.

Esa dualidad ha acompañado a la artista prácticamente toda su vida. Aunque comenzó estudiando piano clásico por influencia de sus padres, pronto descubrió que la música podía convertirse en algo mucho más personal.

“Me enamoré de la música desde muy pequeña. Escuchar música siempre ha sido una aventura para mí, un viaje emocionante. Siento que todavía no me he aburrido de ella. Siempre hay música nueva, cosas que nunca has escuchado antes. Es un viaje hermoso y sin fin”.

De intérprete a arquitecta de su propio sonido

La transición de estudiante de música clásica a compositora y productora no ocurrió de la noche a la mañana.

Kinsley comenzó a escribir canciones alrededor de los 11 años, impulsada por una curiosidad que crecía al mismo ritmo que su amor por el pop. Sin embargo, hubo un momento específico que cambió su trayectoria para siempre.

Durante la preparatoria colaboró como vocalista en una canción producida por un compañero. La experiencia fue emocionante, pero también despertó una inquietud inesperada.

“Me encantó… pero sentí muchos celos de no haber participado en la producción”, recuerda entre risas. “Yo quería tomar esas decisiones. Quería saber qué se necesitaba para hacer todo eso”.

A partir de entonces llegaron los tutoriales de YouTube, los programas de producción económicos y años de aprendizaje autodidacta que terminaron convirtiéndola en una artista capaz de controlar cada aspecto creativo de su obra.

La distancia entre Escaper y Fleeting

Aunque apenas han pasado dos años entre el lanzamiento de Escaper y Fleeting, para Sarah la diferencia emocional es enorme.

“Absolutamente no soy la misma persona”, afirma cuando se le pregunta si ambos proyectos nacieron de la misma versión de sí misma.

Mientras que Escaper fue escrito durante una etapa marcada por el duelo y la inseguridad, Fleeting representa una visión mucho más clara de quién es actualmente.

“Dos años parecen poco tiempo, pero en realidad son una eternidad. Estaba pasando por mucho duelo y todavía era muy insegura de mí misma. Con Fleeting me siento mucho más aterrizada en quién soy hoy”.

El propio título del EP refleja una idea que se convirtió en uno de los temas centrales de nuestra conversación: la identidad como algo cambiante.

“Quien era hace dos años es tan efímero como quien soy ahora mismo”, explica. “El ‘yo’ es un proceso continuo y extraño en el que siempre estás pasando por microcambios. No sé quién seré en dos años o en cinco, y eso me emociona”.

La vulnerabilidad como motor creativo

Las canciones de Fleeting también muestran una faceta más directa y personal de Kinsley.

Por primera vez, muchas de las historias que cuenta hablan abiertamente sobre relaciones y experiencias recientes, algo que implicó asumir riesgos emocionales importantes.

“Las personas sobre las que escribí las canciones saben que son para ellas”, admite. “No hay mucho espacio para la duda”.

Aun así, considera que esa honestidad es precisamente la razón de ser de la música.

“Tuve que hacerlo para procesar mis propias emociones. Puede ser incómodo, pero también me acerca más a las personas porque logro hablar de forma más honesta en mi música de lo que puedo hacerlo en la vida real”.

Esa autenticidad ha comenzado a resonar cada vez más lejos. Recientemente, incluso recibió elogios de Chappell Roan, una de las artistas más influyentes del pop alternativo actual.

“Fue increíble”, confiesa. “Es hermoso recibir una especie de sello de aprobación de alguien a quien admiras. Son experiencias que me hacen pensar: ‘Ah, sí, soy una artista. Realmente estoy haciendo esto’”.

México, una deuda pendiente

A pesar de haber girado constantemente por Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Europa durante los últimos años, Latinoamérica seguía siendo una asignatura pendiente.

Por eso, su regreso a México tiene un significado especial.

“Es enorme”, asegura. “Esta parte del mundo representa una sección gigante y muy importante de mi audiencia. Este show es una forma de demostrar que realmente me importa la gente que escucha mi música aquí y que ha seguido mi viaje durante años”.

La experiencia previa también dejó huella.

Desde sus presentaciones en festivales como Corona Capital hasta su paso como invitada en conciertos de Keane, Kinsley recuerda al público mexicano como uno de los más apasionados que ha encontrado.

“La gente está completamente metida en el show. Son extremadamente enérgicos y tienen una intensidad que me encanta”, dice. “Recuerdo que hicimos un cover de ‘Take On Me’ y todos se volvieron locos cantando. Es un público con mucho corazón”.

Un concierto para perderse y encontrarse

Ahora, por primera vez, Sarah Kinsley llegará a México sin compartir protagonismo con otro artista ni formar parte de un cartel multitudinario.

El escenario será completamente suyo.

Y si algo promete, es una experiencia que refleje todas las contradicciones que han definido su carrera hasta ahora: caos y delicadeza, euforia e intimidad, movimiento y contemplación.

“Espero que la gente pueda esperar un show de alta energía, una locura intensa, combinada con momentos de mucha cercanía”, adelanta. “Pueden esperar bailar, moverse y cantar”.

Quizá esa sea también la mejor forma de describir la música de Sarah Kinsley: un espacio donde la vulnerabilidad convive con el caos, donde las identidades cambian constantemente y donde perderse, al final, también puede ser una manera de encontrarse.

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