Casablanca Drivers: convertir el loop en emoción

Casablanca Drivers no pensó “Plastic” como una canción desde cero, sino como una reacción. Todo empezó con una máquina olvidada en el estudio: una TB-303 cubierta literalmente de plástico, sin uso desde hacía tiempo. Ese patrón mecánico —hipnótico, insistente— fue creciendo poco a poco hasta convertirse en el centro de la canción. No hubo una referencia consciente a Aphex Twin ni un plan previo: fue, como ellos mismos dicen, un accidente feliz.

La banda estaba bloqueada con el coro cuando alguien decidió encender la máquina. En cuestión de minutos, todo encajó. Ese loop repetitivo terminó funcionando como una lupa: menos capas, más obsesión, más tensión.

En lo melódico, la referencia es mucho más clásica. Paul McCartney aparece como una influencia clave, no por nostalgia, sino por su habilidad casi quirúrgica para encontrar melodías perfectas disfrazadas de rock, pop o cualquier otro género. Para Casablanca Drivers, ese tipo de escritura sigue siendo una brújula cuando buscan canciones que se queden sin sentirse evidentes.

La producción tomó otra dimensión al trabajar con Nit (Sébastien Tellier). La banda ya sentía que la demo sonaba clara y sólida, pero la llegada de Ash Workman —conocido por su trabajo con Metronomy y Baxter Dury— cambió por completo la percepción del material. Más que un ingeniero de mezcla, lo describen como un músico más dentro del proyecto: alguien que transformó las canciones desde adentro y las llevó a un nivel que no esperaban.

La parte visual no se quedó atrás. Alexandre Courtes, responsable del artwork de “Plastic”, entendió el proyecto casi de inmediato. Tras una larga conversación sobre el sonido y el concepto del álbum, una semana después mostró lo que prácticamente terminó siendo la portada final. No hubo demasiadas revisiones: la imagen encajó desde el primer momento con la atmósfera del disco.

El video sigue esa misma lógica. Más que ilustrar la canción, la banda lo piensa como escribir nuevos coros visuales. Filmado en apenas cuatro horas dentro de una limusina, el clip funciona como un viaje nocturno cargado de ritmo y tensión. La edición, casi musical, refuerza la sensación de loop y movimiento constante.

Esa idea se traslada directamente al escenario. En vivo, “Plastic” se estira, se repite, se vuelve casi física. La banda desaparece por momentos y lo que queda es el pulso: un loop que avanza sin pedir permiso. “Te olvidas de los músicos”, dicen, y no lo plantean como una ausencia, sino como una inmersión.

En ese contexto, abrir para Rey Pila en Foro Puebla se siente natural. Admiran su capacidad de mutar de un disco a otro sin quedarse quietos y esperan encontrarse con un público dispuesto a escuchar sin expectativas rígidas. Para ellos, esa apertura es clave.

El tour con Polo & Pan también dejó marca. Tocar frente a más de mil personas, en un contexto más cercano a la fiesta que al concierto tradicional, les dio una confianza distinta: menos pose de banda, más libertad. Algo que, inevitablemente, termina filtrándose en la producción.

Viajar —de París a Ciudad de México, pasando por festivales como Electric Castle— se volvió parte del proceso creativo. Trenes, hoteles, backstage: espacios donde escuchan música, descubren canciones y hablan de lo que está pasando alrededor. Lejos de la rutina, la inspiración aparece sin presión.

Para el próximo disco, la conexión con Alexandre Courtes vuelve a ser clave. No es casualidad: la banda reconoce una influencia profunda de la música francesa, de movimientos y artistas con los que crecieron. Courtes no solo entendió esa referencia, sino que forma parte directa de ese universo visual y cultural.

Si tuvieran que resumir esta nueva era en una palabra, dudan. Al final, coinciden en una idea: físico. Una música que se siente en el cuerpo antes que en el concepto.

 

Total
0
Shares
Contenido relacionado: