Camilo León quiere que bailemos mientras buscamos respuestas en La Guachafita

Entre migración, identidad, raíces latinoamericanas y una buena dosis de humor, el cantautor colombiano construye en La Guachafita una conversación musical que cruza México y Colombia. Hablamos con él sobre el nacimiento del Inditropical, el choque entre Oaxaca y Bucaramanga y por qué, para él, hacer preguntas puede ser más importante que encontrar respuestas.

Hay discos que buscan respuestas y otros que prefieren hacer preguntas. La Guachafita, el primer álbum de estudio de Camilo León, parece pertenecer definitivamente al segundo grupo.

El cantautor colombiano reúne ocho canciones en las que conviven el bambuco, bullerengue, son cubano, bolero, funk, jazz y rock, pero reducir el proyecto a una lista de géneros sería quedarse corto. El propio León decidió bautizar su propuesta como Inditropical, una manera de entender su música a partir del encuentro entre diferentes raíces latinoamericanas y sonidos contemporáneos.

Y quizá ahí está la mejor manera de entrar a La Guachafita: no como un álbum que intenta demostrar qué tan bien puede mezclarse un género con otro, sino como el resultado de alguien que lleva años cruzando fronteras —geográficas, culturales y musicales— y que decidió convertir esa experiencia en canciones.

“No es solo un género más, es una manera de entender esta gran conversación musical que está teniendo América Latina en estos momentos y pues es mi manera de expresarme con el mundo.”

México no solamente fue un destino

Para entender La Guachafita hay que entender también la relación de Camilo León con México.

Después de cinco años viviendo en el país, México dejó de ser simplemente el lugar al que llegó. Se convirtió en parte de su identidad y, por consecuencia, en parte de las historias que cuenta.

Eso aparece de maneras muy distintas en el álbum. Azabache, por ejemplo, parte de su encuentro con quien hoy es su esposa, mientras que El Viejo Pueblo nace desde una perspectiva mucho más cercana a la nostalgia migrante. El propio álbum conecta Colombia, México y España a través de experiencias personales, reflexiones y diferentes tradiciones musicales.

Es parte de quien soy completamente”, explica León al hablar de México.

Para él, además, la influencia no se limita a la música. El país también ha transformado su manera de observar y crear.

“Creo que lo que hay que destacar de México es que es un país de personas extremadamente trabajadoras, extremadamente inteligentes y creativas y que no le tienen miedo a nada y eso pues de alguna manera me influencia a mí a hacer lo que hago.”

Y hay una idea que atraviesa buena parte de su discurso: el territorio importa. El folclor, dice, está ligado a los lugares y a las realidades que los habitan.

Por eso México terminó siendo, en sus palabras, “un alfa y un omega, un punto de partida y un punto de llegada”.

Oaxaca y Bucaramanga: dos lugares, una misma canción

La geografía de La Guachafita también existe detrás de las canciones.

La producción involucró al mexicano Lalo Saenger, desde Oaxaca, y al colombiano Manuel Julián Mejía, desde Bucaramanga. La mezcla estuvo a cargo de Edo Jiménez y el máster fue realizado por Kike Egurrola.

En teoría, juntar dos perspectivas tan distintas podría haber terminado en una pelea sonora. Y, de hecho, León reconoce que sí hubo cierta tensión creativa.

“Mi trabajo fue un poco intermediar y conciliar entre esas visiones.”

La diferencia era clara: mientras Lalo tenía una estética “más moderna, más contemporánea”, Manuel Julián se acercaba a una estética “muchísimo más tradicional”.

La solución no fue elegir un lado, sino encontrar un punto medio.

“Mi labor fue encontrar un punto medio, ponernos a dialogar y eso es muy importante porque la música no es algo definitivo.”

Para León, una vez superada la parte técnica de hacer música, comienza una discusión mucho más subjetiva: qué se siente bien, qué funciona y cómo conseguir que distintas opiniones convivan.

El resultado terminó siendo, literalmente, una conversación entre Colombia y México.

“Fue un gran ejercicio de poner a hablar Colombia y México dando como resultado pues las canciones que pueden escuchar en el disco.”

¿Por qué La Guachafita si habla de cosas tan serias?

Migración. Nostalgia. Identidad. Presión social. Tiempo. Preguntas existenciales.

Sobre el papel, La Guachafita podría sonar como un disco bastante solemne.

Pero entonces aparece el nombre.

Y precisamente ahí está la clave.

Para Camilo, la palabra “guachafita” representa esa capacidad tan latinoamericana de hablar de temas profundos mientras alrededor hay música, amigos, baile y desorden.

“Yo creo que algo que caracteriza al latino es que podemos hablar de cosas extremadamente serias en ambientes extremadamente desinhibidos y relajados.”

La fiesta se convierte así en una especie de metáfora del propio álbum: un espacio donde pueden coexistir la risa, el llanto, el baile, el juego y las preguntas difíciles.

“La Guachafita es un buen lugar para hablar de cosas serias y de cosas no tan serias.”

Cuando perderse se convierte en un funk

Uno de los mejores ejemplos de esa filosofía es Dónde Estoy.

La canción nació durante los primeros meses de Camilo en México, específicamente mientras se encontraba en Toluca visitando a quien entonces era su novia. Ella se iba a trabajar y él se quedaba solo en un Airbnb, todavía sin conocer demasiado la ciudad.

Así que hizo lo que podía hacer: componer.

Y de ahí apareció una de las preguntas centrales del disco.

“¿Quién soy? ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy? y ¿dónde estoy? realmente no lo sé.”

Lo interesante es que la respuesta de Dónde Estoy no llega desde la filosofía, sino desde el cuerpo.

La canción termina convirtiendo esas preguntas en movimiento: dejar de sobrepensar, regresar al presente y bailar.

“Hay que bajar a tierra, hay que volver a conectarse con lo que estamos sintiendo en ese momento, estar muy presentes, ver qué tenemos en el entorno y bailar.”

O, dicho de una manera mucho más sencilla:

hacer una guachafita.

Tu tiempo no es el tiempo de los demás

Otra de las conversaciones más actuales del álbum aparece en Es Tu Tiempo, una canción sobre las presiones sociales y la sensación de que siempre deberíamos estar llegando tarde a nuestra propia vida.

En una industria musical que constantemente empuja a producir más, publicar más y mantenerse visible, León plantea una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando decides que tu propio ritmo también importa?

Su respuesta tiene que ver con aprender a separarse de esa presión y recuperar algo que muchas veces se pierde en la adultez: jugar.

“Buscar a mi niño interior que lo que quiere es jugar, descubrir, aprender, crear cosas nuevas sin prestarle tanta atención a la presión que hay afuera.”

La canción, entonces, funciona como una pequeña rebelión contra la obsesión por la productividad.

Porque mientras afuera todo parece decir “tienes que hacer más”, Camilo propone detenerse.

Incluso si en el camino pasa una mosca y resulta mucho más interesante.

Un disco que todavía no termina de contestarse

Quizá la pregunta más interesante de La Guachafita no está escrita en ninguna de sus ocho canciones, sino en la conversación que las conecta.

¿Qué queremos hacer con la música?

Para Camilo León, esa es una pregunta que todavía sigue abierta.

“La pregunta eterna yo creo que es la pregunta por qué queremos hacer con la música, con el arte, qué papel le queremos dar a la sociedad.”

La duda no es solamente artística. También es política, social y cultural: si el arte debe limitarse al entretenimiento o si todavía puede tener un papel transformador.

Y quizá esa búsqueda tiene sentido viniendo de un músico que, además, es filósofo.

León no parece especialmente interesado en cerrar las preguntas. Más bien entiende la pregunta como el motor de la creación.

“No tanto responderlas, pero creo que la pregunta es una buena motivación, es algo que impulsa y empieza un movimiento.”

Ahí La Guachafita adquiere otra dimensión.

Las canciones no solamente hablan de migrar, enamorarse, sentirse perdido, pensar en el tiempo o recordar un lugar. También intentan responder qué significa ser latinoamericano cuando has pasado buena parte de tu vida cruzando fronteras.

Y en ese camino, Camilo encuentra algo que parece ser más importante que una respuesta definitiva: volver a la raíz sin quedarse atrapado en ella.

“Creo que nuestra cultura es muy rica, que podemos hacer realmente lo que queramos y expresarnos de la manera en la que queramos, siempre partiendo de esa raíz.”

Por eso La Guachafita funciona como algo más que una colección de canciones. Camilo la plantea como un mapa emocional que conecta Colombia, México y España, mientras que el Inditropical busca unir música de raíz con nuevas formas de vivir el presente.

Al final, Camilo León no parece haber encontrado todas las respuestas.

Y probablemente esa sea la idea.

Seguir preguntando. Seguir creando. Y, cuando no sepamos muy bien qué hacer, bailar.

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